martes, 13 de octubre de 2009

17 DE OCTUBRE

2 comentarios:

loreazaharra dijo...

tiene gracia el cartel, pero de verdad crees que los pintores tienen que esconderse en el armario ?

mariano dijo...

No sé si has entendido lo que queremos decir. No se trata de que la pintura esté perseguida, simplemente está oculta, no es visible. Como arte los museos e instituciones públicas a las que destinamos dinero para que nos muestren el arte DE AHORA, entienden que "arte contemporáneo" está formado por otro tipo de propuestas, propuestas susceptibles de ser reducidas a un proyecto que justifique la pertenencia de ese proyecto a ese rango de"vanguardia", arte reductible a un funcionamiento burocratizado.
A la pintura no se le considera arte contemporáneo, no es subvencionable,es algo, por lo visto, obsoleto, "clásico"...un colega del hartismo decía ayer, con bastante acierto, que tienes muchas más posibilidades de entrar como autor en un museo de arte contemporáneo si grabas un vídeo, una pieza de "videoarte" sobre un pintor pintando, que si ERES ese pintor pintando, (aunque como pintor seas bueno, y como creador audiovisual seas muy malo).
El cartel no refleja una situación de persecución, sino más bien de ostracismo, el armario no es un escondite en el que el pintor esté voluntariamente, sino el escondite donde la historiografía oficial ha puesto a la pintura, muy a pesar de los pintores, que nos consideramos tan "artistas contemporáneos" como cualquiera que se pueda atribuir esta ridícula etiqueta marcadora de diferencias.
Es un hecho que el público, el público de hoy, el público CONTEMPORÁNEO, huye del arte cuando va seguido de la palabra CONTEMPORÁNEO, pues casi siempre espera ya una repetición de lo que fueron propuestas rompedoras hace 100 años, un chiste repetido, cuando no una consciente tomadura de pelo, mera excusa de un "artista emergente" para levantarse algo de dinero público fácil.
Si el arte CONTEMPORÁNEO no logra conectar con el público CONTEMPORÁNEO quizá es que algo falle. Igual es que una gran parte de ese arte contemporáneo ya no es tan contemporáneo como creemos, ya no es tan rupturista, ni tan transgresor...igual mucho ni siquiera es arte.
Desde el hartismo queremos cuestionar muchas cosas abiertamente que pocas veces se han cuestionado en voz alta, aunque mucho en voz baja. Creemos que es el momento de revisar la relación de las instituciones con el arte, y de ambas con el público, de replantearse qué es y qué debe ser el arte oficial, y sobre todo, si debe existir arte oficial.
De plantearnos si lo de ARTE CONTEMPORÁNEO no se ha convertido en un espacio estanco en el que tiene más peso la pura fé doctrinal que la sensibilidad y la expresividad o capacidad de comunicar del artista.
El arte CONTEMPORÁNEO se permite, se ha permitido durante décadas, y al calor del apoyo sin fisuras de los poderes públicos, CUESTIONAR los límites de todo lo cuestionable, pero no acepta que lo cuestionen a él. En eso se parece más a una secta religiosa que a lo que siempre ha sido el arte.
Esto y muchas más cosas son las que tocamos en el hartismo. Creemos que si muchos movimientos similares han surgido en el mundo de manera casi simultánea, lo mismo es que hay ciertas inercias que ya no tienen sentido, ciertas categorías y dogma, en el mundo del arte, que ya están muertas.

La máscara, el tapado o pixelado de los artistas como el del cartel representa no sólo la ocultación a la que es sometida la pintura como arte "del pasado", sino también la autoocultación que muchas veces asume el propio pintor, que ya no se molesta en buscar al público porque siente que todos los caminos entre el público y él están cortados.
En fín, podría soltar un rollo aún más largo, pero creo que es mejor debatir esto en el blog del hartismo (hartismo.blogspot.com), y no aquí, esto es un página personal sobre mi trabajo, que es, entre otras cosas, el de dibujar y pintar, aunque yo nunca me pixelaré la cara por ello.
Ni me la pixelará nadie.