lunes, 31 de marzo de 2014

ANALÓGICO Y DIGITAL

Analógico y Digital...parecen dos formas de ver el mundo, pero no son tan siquiera dos formas de mirarlo. 
El ying y el yang, la derecha y la izquierda, la cocacola y la pepsi, el barsa y el madrid, el mouriño y el guardiola de las tecnologías, de las artes, de la fotografía, de las fotocopias, de la música...uno de tantos asideros para dibujar una frontera, una discusión a la que nos aferramos y aferraremos para dejar claro nuestro YO ante los demás.
El mundo no tendría sentido si no pudiéramos decir con furia que somos más de Rioja que de Ribera del Duero, o imponer en una discusión de sobremesa que es mejor cocinar con gas que con vitrocerámica, que es preferible decir cómic que novela gráfica, o que son más listos los de ciencias que los de letras.Qué triste sería la vida sin poder discutir acaloradamente si es mejor gasolina que diésel. Qué aberrante nuestra existencia sin poder elegir carne o pescado en las comidas de familia.

Sin embargo, cuentan que hay hooligans del Rioja que han sido vistos bebiendo Ribera del Duero a escondidas. Ha habido casos documentados de defensores acérrimos de la cocina de fuego que se han hecho una sopa con inducción (ya ni con vitro), e incluso yo mismo fui testigo una vez de un tío que hacía trompos en el monte, fuera de la vista de los demás, con un coche diésel.
He visto, también, a gente de ciencias leyendo libros, y no eran el manual de instrucciones de la tele. Y una vez también vi a un antiguo y orgulloso estudiante de letras viendo un documental de Carl Sagan (y subtitulado...).
He visto mucha gente en las comidas de empresa mirar de reojo el pescado del vecino mientras trinchan su entrecot con odio a si mismos por tomar la decisión equivocada.
No, la vida no es una carretera de dos vías...no es tan sencillo, y si lo fuera, la elección no sería tan inocua y tan naif como poder elegir ver nuestra cara plasmada a base de píxeles o de brochazos. Entre el píxel y el brochazo no hay más abismo que el que nos separa del comensal de al lado en esa comida, en la que es posible (sí, SE PUEDE) poner fín al sufrimiento, con sólo seis palabras:
"¿me das un poco de eso?"